domingo, 15 de mayo de 2011

Ver, percibir, imaginar

Sentada bajo un árbol, una chica sonreía con lágrimas en la cara.

En un banco cercano una anciana miraba el horizonte, obstaculizado de ladrillos y cemento.

En el pasto un niño se revolcaba con su perro sin importarle el barro.

En la esquina una señora vestida de gris esperaba el ómnibus con poca expresión en el rostro.

Por la vereda una pareja corría a la par.

Desde ahí nada tenía sentido pensé…

mundos unidos

Un chica sentía la perdida de su amado.

Un anciana recordaba la mirada de su esposo al verla acercarse al altar.

Un niño estaba feliz por haber reencontrado a su perro, perdido hacia una semana.

Una señora vestida de gris estaba ansiosa por llegar al hospital, hacía 10 minutos le habían avisado que su esposo estaba allí.

Una pareja sentía soledad, ella moría por dentro por pedirle perdón, y el moría por dentro por el deseo de perdonarla.

Desde ahí todo fue mas claro…

lunes, 9 de mayo de 2011

En prisión

Como un envase vacío oxidándose a la intemperie, podía sentirse de ella el sonido de las gotas escurriéndose por sus agujeros, podía captarse la absorción de la luz por ese cuerpo oscuro de colores en extinción. Podía sentirse a los lejos el olor metálico que expedía la respiración emitida al vaciarse entre sus ahogos y sollozos.

dark_room_desk Su mente se sentía perdida, ya no era capaz de hacer un único individuo entre su cuerpo y su alma. Sentía imposibilidad de expresarse, con el paso del tiempo las palabras comenzaban a escasear de entre sus labios. La sumisión al vació y el silencio que el alrededor le transmitía la obligaban a refugiarse en un cuarto oscuro. La luz pedía a gritos que la dejase salir de ella, las palabras deseaban transformarse en cataratas de sueños y de ilusiones, y no lo lograba por mas esmero que de ella brotara. La comunicación con su interior ya había perdido integridad.

Se quejaba por falta de tiempo. En su soledad se replanteaba  si había elegido el camino correcto. Todavía no podía aplacar la batalla entre su necesidad de prosperar dando una utilidad vital a su existencia para con sus compañeros de mundo, y entre sus necesidades personales de liberación, que no parecían estar cumpliéndose.

Las notas musicales hacían cambiar el ritmo de sus signos vitales y comenzaba a sentir un peso irrompible en su interior. Se preguntaba si serían las emociones contagiadas o era la señal de algo trascendental, una señal, o una mera casualidad de su personalidad para con las creaciones humanas. No podía evitar el sentirse egoísta al dar rienda suelta a sus ideas, a sus dedos, que dejaban plasmados en una unidad virtual y otras veces en papel, sus juegos de palabras. No buscaban nada, solo buscaban salir, y era la idea egoísta de su necesidad. Sin objetivos… ¿Cuál era el motivo de lo que sentía?

Estaba asumiendo que el motivo de su estado era su incertidumbre de no saber sobre qué camino tomar, y como elegirlo, y la capacidad de verlos. Necesitaba de la capacidad de visualizarlos, pero la oscuridad de su alrededor no era una mano extendida, no eran binoculares que facilitaran su visión.

No habían muchas opciones que elegir, no había muchos escapes a los cuales dirigirse. La espera ahogada en la monotonía de la rutina de ver los días pasar era la dosis que mas se ajustaba a su vida, que poco a poco iría perdiendo color.

La aceptación a ese destino se había convertido en lo  mas cercano a una realidad esperable en su imaginación…

jueves, 7 de abril de 2011

Rosa y Julián

Eran ya las 3 a.m, y en el hospital el silencio se adueñaba de cada grieta, así como la ausencia de Febo que firmaba su retirada luego de las 6 p.m.

Mi ansiedad y necesidad de mantenerme despierta me obligaban a la búsqueda de un espacio desierto en ese enorme lugar, donde poder llevar a cabo el ritual de fumarme un cigarrillo a escondidas, ya que era una especie de pecado en nosotros.

Encontré un pasillo iluminado solo con la luz de emergencia, y ahí mismo en el suelo me senté. Estaba concentrada en el sonido de la ausencia, en lo vistoso de las imágenes que jugaba el humo a dibujar, y fue entonces cuando la vi.

En el pasillo del ala opuesta, se divisaba una silueta sobre un banco. Era un cuerpo femenino, con la mirada perdida hacia el techo, en quién vaya a saber qué imágenes productos de su mente. Yo solo veía un cielo raso blanco con algunas manchas de humedad, pero algo tendría que atraía su mirada.

En los hospitales es común encontrarse con gente durmiendo a falta de casa, pero esta no parecía una de esas situaciones. Sentí la necesidad de incorporarme y me deje llevar por el instinto. Apagué el cigarrillo y comencé a caminar hacia el pasillo contrario.

A medida que la distancia se acortaba el producto del tiempo se hizo evidente, parecida a una obra de arte dibujándose alrededor de su rostro, una cabellera extensa y gris abrazaba a todo su cuerpo. Su expresión se sumergía entre huellas de la vida, el sol acompañándola toda su vida, había besado cada poro de su piel, como cuan amante celoso quiere dejar marcas en su compañero.

Su actitud de apatía y encogimiento no cambió a pesar de sentir mi presencia cerca, y fue entonces que dude sobre su capacidad de saber si estaba ahí. Como cual persona un poco tonta, sacudí mis manos frente a su mirada tratando de llamar su atención para romper ese silencio que comenzaba a comerse el espacio. Aún así su mirada permanecía como dos flechas apuntando a su presa en las manchas de humedad del techo. Me quedé parada ahí, una fuerza extraña me anclaba a ese lugar. A los segundos volteó su ojos hacia mí, y un frío recorrió mi cuerpo de repente.

-¿Qué ocurre?

-Perdón, la vi sola y pensé que quizás querría hablar con alguien.

-Solo busco respuestas a las preguntas imposibles de contestar- balbuceó con un tono de dejadez en la voz.

No supe que mas decirle, sus palabras fueron un poco desconcertantes para mí, y como sí la fuerza de gravedad hubiera cambiado, sentí me empujaba para sentarme a su lado. Sabía que no iba a poder ayudarle, pero se me ocurrió que quizás dejarla hablar con alguien le serviría. Le hablé sobre el horarios, le hable sobre el clima cambiante, le comenté que hacía en ese lugar, hasta mencioné el silencio del hospital. Tras varios intentos fallidos de que emita mas palabras, dejé de intentarlo. Me quedé ahí y le pregunté si le molestaba que prenda un cigarrillo, como no me dijo nada lo hice. Iba ya por la mitad y estaba cómoda a su lado. De repente una lágrima corrió por el surco aledaño a su nariz, y comenzaron a brotar como la creciente de un río en una estación lluviosa. Las palabras parecían derretirse por la boca de Rosa.

Me enteré sobre la vida de una persona mas que habitaba este planeta. Rosa creció en el campo, a los 15 años  conoció a su Julián y como era costumbre en esos tiempos, a los apenas 18 años de ella consumaron la unión y se fueron a vivir juntos a una pequeña chacra alejada de la ciudad. La vida les proveyó de una vigorosa juventud y una voluntad de acero con la cual lograron establecer una especie de simbiosis con la tierra y los animales. Ellos los trataban con dulzura, los cuidaban, a cambio recibían la gracia de saciar su hambre, y la de sus 10 hijos que con los años se habían ido incorporado. Pero la vida no es eterna, y Rosa ahora se encontraba en la ciudad esperando respuestas.

Su nivel de escolaridad no era el motivo por el cual ella no entendía lo que ocurría. Simplemente no podía entender porque algo se había adueñado de su Julián, no podía asimilar que su fuerte compañero estuviera tendido en una cama blanca, sin su color de siempre, con tubos sobre su rostro, con otros entrando por sus brazos pasándole líquidos de colores extraños. No podía verlo así, los médicos le habían explicado que unos parásitos habían invadido su cuerpo y estaban por su sangre, pero no era una explicación válida para Rosa. Traté de explicarle mas o menos como funcionaba y como eran los hechos. De repente me encontré hablando de fisiopatología y tratando de buscar palabras cotidiana o simples, pero la estupefacción de su rostro me hizo caer en la cuenta de que estaba siendo igual que los demás. A ella no le interesaba eso, a ella le interesaba por qué su Julián no podía hablarle, ni mirarla, a ella le interesaba saber cuando su compañero incondicional de vida iba a volver junto con su familia. No podía entender como la vida había querido arrancarle a esa parte tan preciada de su vida. Estaba enojada, estaba triste, necesitaba respuestas que no podía darle alguien tan pequeño como yo. La impotencia y la resignación a la tortura de la espera habían entrado en mí también.

De repente caí en la cuenta de que sus manos habían buscado las mías y en ese pasillo frívolo pude sentir el calor que ellas transmitían. Su piel denotaba el producto del trabajo, la aspereza de sus manos reflejaba su voluntad y su no escatimación en los quehaceres cotidianos. Sus manos quemadas por el sol y sus uñas un handsyoungoldpoco sucias me hicieron imaginarla como una mujer simple y con esperanzas. Parecía de esas personas que aunque estén en situaciones inusuales siguen con esa lucha contante que es la vida, haciendo frente a los problemas. Se me vino la imagen a la cabeza de Rosa despertando cuando el sol apenas se animaba a salir, añadiendo leña a la cocina, preparando el desayuno a sus pequeñuelos y saliendo con los baldes de maíz a visitar a sus aves. De repente pensé que por nuestros alrededores queda poca gente así, y también caí en la cuenta de que no quedaban muchos lugares con gente como la mujer que tenía en frente mío, con el pelo gris y el rostro demasiado arrugado para su edad.

Rosa me confió hasta cómo fue el día que conoció a Julián. Todo ocurrió en un baile de la estancia, su madre la había acompañado, y él había ido con su hermano mayor. La música sonando invitaba a bailar a las parejas,  y él muy compadrito se había animado a llevarla a volar. En pocos minutos sintió lo que era la seguridad, y el sentirse protegida, unos brazos fuertes y unas manos anchas habían hecho de ella, una muchacha sencilla y con pocas ambiciones, una muchacha feliz. En ese preciso momento en que todas las parejas a su alrededor ya no existían en su mente, supo que ese hombre de mirada triste y porte de señor iba a convertirse en parte de su vida.

Habían compartido mas amarguras que alegrías en su historia familiar, las subidas y caídas en el mercado nacional también influía en ellos. Julián trabajaba para el dueño de los campos, se encargaba de las siembras y las cosechas, prácticamente ellos sentían que era su hogar, que era su lugar.

De todos modos contar su historia se resume en su seguridad en común de terminar la vida juntos. Rosa le había pedido a Julián que jamás la deje sola, y él había respondido con promesas que iban a hacer frente al tiempo e iban a llegar a ancianos juntos, disfrutar de sus nietos y revivir viejos momentos. Ahora los esquemas de Rosa estaban alterados, los hechos habían confluido en un Julián débil, en un Julián cuyo cuerpo no sabían cuanto tiempo más podría aguantar.

De repente caí en la cuenta de que había pasado mucho tiempo ahí sentada junto a Rosa, debía volver a mí sitio. No habían palabras en mí que le sirvieran, siempre fui de las personas que piensan que es molesto pedirle a alguien que esté bien, cuando eso es algo casi imposible en estas situaciones. El dolor… duele. Quizás no hay que convencerse de que no es así, simplemente hay que vivirlo en su tiempo.  No quedaban mas opciones que resignarse a la espera. Simplemente pude decirle que esperaba que todo terminara de una buena manera para ellos, me incorporé y salí caminando con lágrimas en los ojos que Rosa no vio, y que no tenía intenciones que supiera que existían.

La mayoría de las historias que he conocido son historias tristes, pero todas las que he visto con final feliz se rigen por el amor, por el amor personal, por el amor a nuestros próximos, por el amor a la vida, por el amor a cada persona que habita este precioso lugar llamado Tierra.  A Rosa no la volví a ver. No sé que habrá sido del final de esa historia, solo quiero imaginarme que en este presente son dos ancianos que se levantan por la mañana, que toman mates juntos y que van de la mano por el campo a caminar en el atardecer. Quiero creer que la vida le regalo a esa familia más tiempo para estar juntos.. más tiempo para vivir la promesa de Rosa y Julián.

Fin

viernes, 18 de marzo de 2011

Un juego sin final…

Hola gente, hoy tuve un instinto algo raro… Y bueno esto es lo que salió, no es un cuento, es un relato un tanto extraño. Conocidos literarios ya me comentaran de que se trata. Espero que puedan interpretar en su imaginación la lectura, del mismo modo que mi imaginación de apodero de mis dedos. Os dejo un beso!

Pongan play al video, creo que ayuda a entrar en ambiente….

-Un juego sin final-

Poco a poco comienzas a ser consciente de tu alrededor, la oscuridad comienza a adueñarse del paisaje, y las telarañas acumuladas comienzan a obstruir el paso. Los túneles parecen crear nuevas conexiones, las escaleras comienzan a romperse en el sube y baja constante de tu caminar buscando la salida. Poco a poco empiezas a quedar  encerrado en niveles cada vez mas bajos.

Te preguntas porque accediste a jugar a este tonto juego con tus amigos. Recorrer un psiquiátrico abandonado parecía divertido. Aunque ahora que estas solo empiezas a cambiar de idea al pensar en los enredos psicológicos, los delirios, los gritos y la confusión de la gente que ahí entró, y ahí murió.

No crees en los fantasmas, pero en situaciones así uno comienza a dudar. Oyes un grito que parece venir desde atrás tuyo, pero muy a lo lejos. Te preguntas si será ella y corres con una respiración agitada, pero no por el cansancio, sino por el miedo. De repente a tus pies ves huellas de barro, gotas de sangre que comienzan a confluir cada vez más a medida que te acercas al lugar de dónde provenía el grito.

Te encuentras frente a una puerta de hierro, con pintura saltada y un poco oxidada, pero que abre fácilmente. Apoyas tu mano sobre ella y la empujas. Ahí en el suelo te encuentras con ella, tendida, sin movimientos. Te acercas para levantar esa cortina de baño que la cubre.  Los cortes, la desfiguración, la sangre… entras en un estado de shock sin saber que hacer, no emites sonido alguno,  y tus miembros no parecen responder, quedándote totalmente inmóvil. Esta mañana cuando la pasaste a buscar por su casa tenía color, tenía vida.  Y no hay rastros de nadie más, las huellas de barro desaparecen en la escena.

De repente comienzas a gritar, con una fuerza impensable, con una desesperación imperante. Tu corazón parece terminar saliendo de tu pecho por la fuerza con que late. Oyes el eco de tu grito, no oyes nadas más… hasta que entras en un llanto desconsolado al momento en que te arrodillas frente a ese cuerpo que yace en suelo ya sin vida.

De repente oyes el golpeteo de unas botas corriendo por los pasillos y tu desesperación no hace otra cosa que terminar de disparar otro impulso adrenérgico y sientes la necesidad de correr, de huir. ¿Pero a dónde?

Sales disparado por el miedo, corres con una fuerza descomunal, sin dirección, solo con la necesidad de escapar. Lleno de un sudor frío que cae por tu espalda, la temperatura puede sentirse descender… poco a poco comienzas a sentir que el frío se apodera de tu piel… escalofríos comienzan a recorrer tu cuerpo y caes en la cuenta de que estas solo… Ya no oyes nada más, estas sumido en un silencio absoluto que solo se interrumpe con el ruido del aire pasando por tus fosas nasales.

Estas solo, pero no sientes lo mismo. De todos modos…. ¿Quién puedo asegurártelo? El celular que llevaste para comunicarte con los demás que entraron no tiene señal, y tiene su batería a punto de agotarse. Tu impotencia te obliga a tirarlo con fuerza contra la pared en un intento de aplacar esa urgencia y esa furia que sientes invadiendo cada rincón y parte de tu cuerpo.

Te adelantas en los pasadizos con pasos lentos, ya sin fuerzas. Comienzas a perder la noción del tiempo, caminas y caminas hasta quedar rendido y te sientas ya sin esperanzas. Puedes sentir el goteo de esas cañerías viejas. Las tenues luces comienzan a parpadear. Mientras sientes que comienzas a retomar el aliento, te quedas sumido en una total oscuridad.

Las lágrimas comienzan a resbalar nuevamente por tu rostro y no puedes evitar preguntarte por qué. Pero en esta vida no hay porqués para el destino, tampoco hay porqués para la casualidades, no hay un por qué para la existencia de los riesgos, ni hay un por qué tú terminaste en este juego. La vida no tiene razones, solo es un juego al azar, una serie de hechos que nacen en precisos instantes y que nuestras mentes conectan.

Así es que en ese frío y en esa oscuridad, sientes el ruido de unos pasos. Tu corazón comienza a latir rápidamente otra vez, mientras intentas contener la respiración y no hacer ningún movimiento mientras sientes que ese algo se acerca. Te sientes desvanecer por un golpe en la sien. Te mareas, y hasta sientes que puedes ver algo de luz, pero solo es efecto del golpe. De repente despiertas y estas tendido a lo largo del piso, mientras alguien te arrastra sosteniéndote muy fuerte de las muñecas. No puedes hablar, no puedes moverte. Solo puedes pensar. Poco a poco te entregas a lo que sea que espera por vos, y tus ojos comienzan a cerrarse en un intento desesperado por despertarte, aún sabiendo que no será así.

Que despiertes en la luz o en la oscuridad solo depende de vos.

Fin

sábado, 12 de marzo de 2011

Misión de vida

Supongo que a todos esta cuestión se nos plantea al menos una vez en nuestros período sobre la tierra. Seguridad de que exista algo más allá no tenemos, pero sí tenemos la fe, una de las mayores fuerzas que tiene la humanidad, pero subestimada.

Más de una vez me encuentro en el dilema de no saber, o no estar segura de seguir la dirección correcta, o de tener la certeza de que lo que hago va a dar sus frutos o no. Siempre concluyo en los mismos pensamientos. Lo importante es el presente, y sentir que lo que hacemos nos satisface espiritualmente. El hecho de hacer algo por alguien más depende de los motivos y ambiciones personales, que acepto y tolero no todos los tenemos. El altruismo es un sentimiento o una forma de ser bastante compleja, siempre admiré a este tipo de personas ya que para serlo deben ser personas fuertes y con mentes que estén mas allá de las influencias actuales, globalizadores, ambiciosas e individualistas. Es difícil escapar a estas tendencias. Personalmente admito que me cuesta y son cuestiones con las que lucho todos los días, es una lucha interna que poco a poco se hace eterna.

Pero de eso se trata estar bien, se trata de ganar los conflictos que se nos presenten a menudo, de la lucha constante por mantener un equilibro o el mejor bienestar. Si todos hiciésemos algo por nosotros mismos, indivisiblemente lo estaríamos haciendo por la colectividad. Es como esa frase tan famosa que dice que el ejemplo lo debe dar uno mismo, la acción debe empezar por nosotros.

Pensamientos, frases, opiniones, se me cruzan muchas cosas en la cabeza cada vez que pienso: ¿qué hago en este mundo? ¿tendré una misión en mi vida? …. o será que acaso al final de mis días podré decir que la misión de mi vida la construí yo misma… decision Creo que hasta ahora es la idea que tiene el primer lugar en el podio de mis puestos.  Si nos equivocamos o no, creo que no es el análisis prioritario, la verdadera cuestión reside en saber que lo hemos intentado.

Solo espero que no nos equivoquemos tanto en nuestras decisiones, y que si nos caemos, tengamos bien en cuenta que levantarse es una obligación, no una opción. Y recordemos siempre no hay mayor demostración de nuestra salud que demostrar esa lucha constante con lo que se nos presenta, tanto individual, como socialmente.

En fin… espero no haberlos aburrido con estos pensamientos ocurridos por una noche solitaria, lluviosa y fría, en posterioridad a  los hechos actuales… os envío un cálido abrazo!

jueves, 10 de marzo de 2011

Desconexión Sideral…

Esta noche dejo otro cuento, esta vez en tercera persona. Tuvo un poco de inspiración, otro poco de imaginación y unas horas sin dormir. ¡Les dejo un abrazo!

-Desconexión Sideral-

Conmoción y una ola de alegría, es lo que sintió al verlo aproximarse por esa esquina. Aunque cuando tomó la decisión de verlo pensó que sus facultades  mentales estabas en deterioro, con el tiempo le tomó la simpatía a la idea y no le pareció una idea tan loca, ese personaje extraño,  que el mundo había sacado debajo del brazo, lograba sacarle a menudo unas cuantas sonrisas.

El ruido y el ajetreo de la ciudad se dispersaron en su mente, y sus nervios fueron los protagonistas del momento. Cesó la lluvia en el instante en que sus brazos rodearon su cuerpo y pudo experimentar la sensación de sentir algo tan fuerte a su alrededor, que por ese momento el miedo resultó un sentimiento desconocido para su mente. La asustó un poco sentirse tan bien.

Las charlas que poco a poco fueron convirtiéndose en una manera de acortar la distancia física entre los cuerpos, la suavidad de los pequeños roces de labios en las mejillas, la mirada de sus ojos enfocada en ella, resultaron  momentos para guardar en un baúl, momentos para recordar y poder sonreír, es lo que se cruzó por su mente.

El color de esos ojos, tan pícaros, tan infantiles, tan poco preocupados por el qué dirán, tan llenos de magia, de juego, particularmente únicos. No pudo olvidarse y dejarlos atrás. Trató de prometerse no olvidarlos jamás pero también insistió en no ilusionarse, en no dejar que esa sensación de mariposas en el estómago se adueñaran unas vez más.

La presión, la humedad de su piel sobre la suya, el aire tibio de su respiración sobre sus oídos, la suavidad de su pelo, las simpáticas pecas en su piel. La tuvieron abstraída por unos días. La gravedad de su voz, su caminar con hombría, su actitud de atención.

Las risas, los chistes, los bailes sin música, los silencios incómodos, la música poco habitual en sus oídos, los colores habitualmente evitados. Eran muy diferentes, o eso es lo que ella creyó. Pero ahí estaba, haciendo caso de la atracción mental y física que él le generaba.

Había sido una aventura, pero una de las pocas aventuras que se había animado a hacer sola. Era justo lo que ella esperaba, ni más ni menos. Fue como haber saltado del mundo y haber volado en el vacío entre los astros. Sin dudas que aunque en su mente ella estaba convencida de que las aventuras, aventuras son… había causado algo especial en sus pensamientos, pero jamás lo admitiría.

Llegó la hora de la despedida, y no se sintió arrepentida.

Todo encuentro sucede por alguna razón ya sea intencional o no. El destino le había regalado ese pequeño cruce de su camino, ya sea que lo fuera a encontrar otra vez, o no… él la había hecho ser feliz.

Fin

miércoles, 9 de marzo de 2011

“Memorias desde abajo”

Este cuento lo escribí hace un tiempo, no lo había compartido con nadie, así que espero que les guste, es un poco gris, un poco triste. No recuerdo cómo se me ocurrió, simplemente las palabras corrieron frente al monitor,  pero supongo que eso es lo más me agrada de él, empezó con una idea y terminó en algo bastante diferente.  Es un cuento narrado en primera persona y con un final un poco librado a su imaginación.

Memorias desde abajo

No pensé que este momento iba a llegar tan pronto, es que hoy siento que me falta algo. No se porque maldita razón me hiciste acostumbrarme a ti y simplemente te esfumaste. No se porque estoy acá esperando que regreses sabiendo que jamás serás capaz de emprender un camino de regreso desde el lugar a donde partiste.

Odio sentirme sola, inservible e inútil sin vos. En un momento había logrado deshojar la flor de mis sueños y por fin era libre de ti. Por fin ya había dejado de soñar con un final feliz a tu lado. Y ahora me encuentro acá abandonada, con frío y sin ti otra vez. ¿Por qué razón volviste una vez más?… para nuevamente irte y dejarme aquí…

Pensar en ti me hace sentir escalofríos, ya no siento la sensación de  tus caricias y la suavidad cada vez que me echaba a tus brazos. Ya no sentiré esa presión que sentía cada vez que hundías tu labios en mi frente. Ya no sentiré como tus dedos separaban mis cabellos, ni veré tu mirada llena de tristeza y de culpa. Jamás verás mis ojos brillar otra vez al verte llegar, ni sentirás mi perfume cuando nos hacíamos uno.precipicio

Te fuiste para siempre, hiciste tus maletas, te acercaste al precipicio, jugaste a lastimarte y echaste a volar.

Ya no quiero nada, no pretendo seguir alimentando una ilusión totalmente perdida, sin causa ni razón. La parte mas importante de la ecuación se transformó en un número nunca antes conocido. Mis ojos comienzan a cerrarse, mi voz comienza a apagarse, ya perdí toda sensibilidad y no quedan fuerzas en mis músculos. Poco a poco se va apagando la llama que mantenía mi cuerpo iluminado y comienzo a alejarme de él.

Por un momento fui tan ilusa, que creí haberte recuperado. Pero ya no quiero pensar en ti, ya lo entendí… pero no puedo. No entiendo qué pasó, no sé a qué lugar se fueron todos. Solo recuerdo tu voz, tus manos, las montañas.

Solo me queda este eterno sentimiento de soledad. La humedad se cuela entre las rendijas de mi cajón, y ni un rayo de sol se atreve a asomarse por las uniones. Ahora el cielo volvió a su inmensa oscuridad, esa de la que tanto temía.

Ya no tengo amigos, y ya nadie se queja de mis llantos, de mi tristeza, de mi incesante voz llamándote. Los vientos vienen de todas partes, se escabullen por cada rincón de mi cuerpo, erosionándolo y borrando las marcas que dejaste en mi piel. Tengo frío y ya no estas aquí para abrigarme.

Seres vivos se apoderan de mi cuerpo y no estás aquí para ahuyentarlos. Me congela el aire que respiro  y no estás aquí para ayudarme.

La espera es eterna y solo estoy aquí preguntándome por qué razón me dejaste sola otra vez….

Fin

lunes, 28 de febrero de 2011

Mi amiga Voluntad…

Saltar, correr, escapar, bailar, gritar, cantar, brincar, jugar a las escondidas, jugar a “pelo pelito es”. Hoy pensando en energías que no puedo distribuir por mi alrededor se me ocurrió que esto que siento hoy es algo parecido a una palabrita muy famosa llamada Voluntad.

Voluntad es una palabra que a más de uno nos falta, es una palabra que suena hasta agradable. Es una palabra difícil de conceptualizar en nuestras mentes. 

Según algunas personas la voluntad “ es la facultad de decidir y ordenar la propia conducta”… otros dicen que “es la capacidad de los seres humanos que nos mueve a hacer cosas de manera intencionada, por encima de las dificultades, los contratiempos y el estado de ánimo”.

Creo que están en lo cierto pero a mí me gusta darle un poco de fantasía y pensar que la Voluntad es una señora “hecha y derecha”. Es una señora invisible que nos suele acompañar cuando nos sentimos bien, supongo que las buenas vibraciones que uno desprende a la naturaleza la atraen.

También es una amiga de toda la vida de la Motivación y de la Creatividad. Así es que cuando ellas se juntan la Voluntad nunca falta, ella suele decir que jamás se perdería el rato con sus amigas.

Voluntad parece una señora muy simpática, mamá una vez me contó que cuando ella está presente se siente un “algo” especial en el aire que nos llena de satisfacción y de la tranquilidad fairyal final de las reuniones de estas amigas. Ellas contagian miradas tranquilas y sonrisas. Y hasta a veces son buenas amigas cuando nos sentimos mal, porque nos hablan de cosas lindas y uno se mantiene tan ocupado que te olvidas de los problemas, y muchas otras veces nos ayudan a “ocuparnos” de los problemas y a evitar a la Preocupación, que es una señora un poco mas triste, que siempre viste de gris.

Hoy parece que Voluntad vino a visitarme, ya veremos que sale de esta reunión…

¡Ah! por cierto, me contó que no usa teléfono móvil, solo podemos llamarla a través de Motivación, Alegría y Creatividad….

Os envío un abrazo!!

 

martes, 28 de diciembre de 2010

Lágrimas

Gotas de soluciones…. pequeños productos de nuestro ser… me pregunto dónde fueron a parar, me pregunto dónde se escondieron, porque nos las encuentro. Hoy cuando mas las necesito no se atreven a asomarse.

¿No les suele pasar que a veces uno siente que revienta en ganas de llorar pero nada pasa? ¿No les suele pasar que sienten ganas de gritar pero no son capaces de emitir sonido alguno?

tears (1)Hay gente que vino al mundo hecha para llorar cada vez que lo siente, hay otros que por mas dolor o tristeza que sientan no se les cae una lágrima, y no porque sean insensibles, es solo que nunca se han liberado a tal acto de alivio. 

Pero también existimos muchos otros que lloramos solo a veces, nos limita un poco la situación y las causas. Hoy particularmente voy a hablar de los llantos perdidos, de esos que se “desensibilizan”.

Suele ocurrir que hayamos vivido una situación que nos haya generado tanta congoja que sentimos que nunca pararíamos de llorar. Hasta que después de un tiempo  uno va superando esos episodios de llantos repentinos. Vivimos un tiempo tratando de convencernos que nos hicieron mal, o tratando de aceptar que fue parte de nuestra historia y pensando que no podía ser de otra manera. Así poco a poco las lágrimas demás comienzan a escasear… y poco a poco se vuelve a sentir calidez adentro nuestro.

Algunos en cambio vuelven a exponerse al peligro de llorar otra vez… tropezando con la misma situación, como el péndulo de un reloj… pero sé que llega un momento en que te acostumbras a eso… y las lágrimas ya no se asoman, es como si las nuestras glándulas se atrofiaran (por supuesto que no es así fisiológicamente). El sentimiento de opresión en el pecho se sube hasta nuestras bocas. Nuestras comisuras ya no se desvían hacia caudal, sino que se rectifican. Y nos volvemos inmunes de estas situaciones, pero solo inmunes de expresión.  Nos sigue doliendo, ya de una manera diferente pero duele. Supongo que es la habituación, algo que no me gusta personalmente. Somos consientes, aunque solo algunos, de que es algo que debería motivar a la superación, a la toma de las riendas de nuestro corazón. Supongo que es el momento en que uno mira bien dentro y te ves lleno de curitas y remiendos, y  te das  cuenta que si lo sigues haciendo se romperá. Y un corazón roto ya no puede vuelve a ser el mismo aunque lo reconstruya el mejor artesano.

Deberíamos poder volver a llorar, porque es parte de nuestra necesidad de descargarnos espiritualmente, es nuestro modo de recordar que somos humanos, que somos sensibles, que sentimos, es el recordatorio de que si alguien puede hacernos mal, alguien puede amarnos también.  Es la alarma que nos avisa que antes de que nuestro rostro de inunde de tristeza sonreíamos, y que podemos volver a hacerlo.

Pero depende de nosotros mismos volver a recuperar la capacidad de llorar, y poder sentirnos vivos nuevamentearste. Poder dejar a nuestro cuerpo y nuestras emociones fluir. Depende de nosotros también la capacidad de abrir nuestro corazón a los demás otra vez y dejarnos cuidar. Es una situación donde tanto nosotros como los otros somos parte vital de la solución.

 

¿Y Uds. que piensan sobre las lágrimas? ¿Alguna vez en su vida les paso no poder llorar cuando antes lo hacían?

Os dejo un besazo!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

No se esfuma…

Esperaba olvidarme del tema, pero han pasado quince minutos y no lo he hecho, he respirado hondo, he contado, he imaginado hacer un boyo con él  y lo he pateado lejos, pero no se ha ido…

“Quisiera escupirlo y sacarlo a volar pero no he podido, se ha instalado en mi garganta y parece haber tirado anclas.

Es un pequeño monstruito que hace ruidos, se queja sobre el lugar en que está, pero no se anima a asomarse.

En sus confesiones de almohadas me ha revelado que su razón es que cree que podría ser de esos monstruitos que hieren, que hacen doler tanto que todos terminan llorando. O por lo menos uno.

Así es que es un monstruito que sufre, porque solo ha nacido de dos grandes eminencias intrusas que se posaron entre dos personas en circunstancias repentinas y desagradables. Y peor se siente porque sabe que nada bueno podría salir de eso.

Mientras tanto sigue creciendo y haciéndome doler. Yo creo que le daré cobijo en mi garganta, porque creo que tiene razón, y su mejor lugar por ahora es quedarse allí donde está.

Quizás si lo escupo vaya a parar a la garganta de otra persona, y el monstruito viajaría sin fin, pasando de una persona a otra.

La vida de viajero, para él, es una idea divertida, pero sabe que terminaría aburriéndolo. O por lo menos cargaría su memoria del dolor que provoca a lo largo del tiempo, y esa es la parte nada divertida. A ninguno nos gusta saber que vinimos a este mundo para hacer doler a otro.

El monstruito y yo somos co-habitantes del mismo espacio hace mucho tiempo. Es mi amigo y a veces mi enemigo pero seguimos juntos para no perpetuar este círculo sin fin.

Esta noche es el monstruito el que dijo que escriba, a veces es difícil no dejarse convencer…”

Ya es de mañana y todo parece mecerse en la calma. Hasta me olvidé que alguna vez hubo un monstruito.

¿Y Uds. que han hecho con sus monstruitos? Anímense!